lunes, 18 de octubre de 2010
Canción Nocturna
a Charles Bukowski
Cafés
que vendrán con ese olor a excremento
de las salas de cirugía.
Para poblar la frente de los recién nacidos
con una nube gris en el esófago.
Para romper los gritos de los taxis
cuando se esconden bajo las alas de los edificios.
Pero no por mi lenta defunción sobre la hoja,
ni por las cartas arropadas de polvo que guardo en las gavetas.
Esas tazas de café que caminan bajo la lluvia con el ombligo de las botellas.
Esos retazos de porcelana en el piso
y su muerte afuera de los jardines.
Ganas de llenar la noche
Ya habré escrito yo esos ojos escondidos en los gatos,
muerto de miedo bajo el silencio de las hormigas,
visitado varias tumbas
buscando esos ojos llenos de cemento
en el buche de las palomas
con un tentáculo extinto
desde la aorta hasta el clítoris de las muchachas vírgenes.
Habré terminado en Octubre
siendo sólo esta lluvia de luces arraigadas en los vidrios.
Esta lluvia escrita en el reloj.
!Esta lluvia encendida por el pecho de los hospitales¡
muerto de miedo bajo el silencio de las hormigas,
visitado varias tumbas
buscando esos ojos llenos de cemento
en el buche de las palomas
con un tentáculo extinto
desde la aorta hasta el clítoris de las muchachas vírgenes.
Habré terminado en Octubre
siendo sólo esta lluvia de luces arraigadas en los vidrios.
Esta lluvia escrita en el reloj.
!Esta lluvia encendida por el pecho de los hospitales¡
Amargura bajo los pies de César
Et tu, Brute?- César
Tu también Bruto, en la candela azul
de las fogatas hechas por los pájaros, ahí,
en la sangre llena de piedras diminutas.
En el pliego de una carta rota por los viacrucis.
En el pómulo derecho de los edificios
donde descansa tu voz agria.
¿Cómo fue el silencio de las esquinas
atadas al cuello de los elefantes?
¿Cómo fue ese silencio
-despoblado y último-
en tu pecho lleno de orquídeas?
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